
Muchisisisimo antes que existiera MacDonald, ya en el pueblo de arenas se expendía un combo popular a los niños y adolescentes del pueblo. Por lo general la hora de mas demanda de ese suculento combo tipo cajita feliz era la hora del mediodía donde veníamos muchos corajitos después de pasar horas y horas jugando en la poza Chupulún. Arduas jornadas estas que consistían en lucha libre de todos contra todos desde un cerro a orillas de la poza y cuyo solitario ganador tenia el privilegio de zumbarse por un verdadero tobogán de la selva...y de barro que hacíamos nosotros humedeciendo los bordes de arcilla a orillas del río. Bueno después de jugar escondido, chupar caña, correr desnudos por los cañaverales y sentir el filo de miles de hojas de cañas surcar nuestros cuerpos.... nosotros casi al unísono decíamos: vamos a la Bodega de Pablo Ortiz (Nuestro Macdonald). Allí la "cajita feliz" tenía el costo de apenas un Real y consistía en: Una pepsicola de a medio, una pan de a locha y una locha de mortadela. Para nosotros no había plato mas suculento ni comida mas apetecida, que este maravilloso combo.... un verdadero manjar de dioses, que también venia acompañado de una ñapa a manera de juguetito que también quizá copiaría la gran empresa ya ahora mundialmente conocida. El juguete a elegir consistía: O en una chapa de refresco con pabilo para hacer un corrufio, O en una horqueta con gomitas rojas para una china o un poco de vela consumida para hacer un boliche.
Como verán el concepto de cajita feliz, aunque ustedes no lo crean, se originó en la bodega de Pablo Ortiz en el pueblo de Arenas.
William Palomo G
Es un buen momento para rememorar, esos espacios (Las Bodegas) que claramente tenían un objeto comercial, pero que al mismo tiempo ofrecían un servicio invalorable al pueblo y se convirtieron en referencias obligadas en la vida cotidiana de la gente. Inolvidables, por una u otra razón, han quedado sembradas en el imaginario de nuestras generaciones, aun cuando sus protagonistas fìsicamente, en su mayoría no estén con nosotros. La bodega de Nolasco Bruzual, sitio de adquirir mi merienda obligatoria cuando acompañaba a mi abuelita Rosa. La Bodega de Chuo Amaro, visita obligada para comprarle los encargos de mi abuelo Cándido y donde de chamo me deleitaba, arrancandole y saboreando pedazos de cazón salado y en otra etapa de mi vida, parada obligatoria para completar la amanecida con la ultima botella de florida. La Bodega de Cruz Fuentes, padre de mi gran amigo Manuel Fuentes y frecuente sitio de quitarnos el ratón con los refrescos bien helados, además de las frecuentes pernoctadas despues de exigentes parrandas. La Bodega de José Sotillet, atendida en las noches por el en persona, siempre atento y servicial, esta bodega inspiró uno de los alias que recibí por esa epoca, recordado por uno de mis más insidiosos hermanos (John), "Palito de a Locha"; así aprendimos a tomar canelita y RY. La Bodega de Victorio y la de Andrés Zerpa, padre de otro de mis amigos (Andresito)el Sr. Andrés, con sus botellas de aguardiente que endulzaba y se convertían en una potentisíma bebida espirituosa y la Bodega de Pablo Ortiz, donde aprendimos a degustar "la cajita" a la que William hace referencia y en otra etapa lugar de encuentro e intercambio multicultural y cervecero obligado en el Pueblo. Conocí personalmente a sus propietarios, personas amables, humildes y gentiles que contribuyeron en mucho a la formación de varias generaciones y darle ese sabor especial de pueblo a Arenas.
ResponderEliminarclpg2009